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miércoles, 31 de octubre de 2012

LISBOA, UNA CIUDAD PARA VISITAR

Lisboa


Lisboa tiene el atractivo de esas grandes ciudades que supieron conservar el encanto de su pasado, sin resignarlo al avance del progreso. La ciudad, cuya ubicación estratégica atrajo hace 3000 años a los fenicios, y que fuera invadida luego por griegos, romanos, visigodos y moros, estuvo desde siempre abierta al mar, y desde ella partieron un sin fin de aventureros en busca de fortunas en tierras lejanas. Las riquezas acumuladas en estas épocas doradas sirvieron para reconstruir la ciudad, que fue sacudida por terremotos e incendios; así Lisboa resurgió cada vez y hoy es uno de los principales destinos turísticos de Europa.
La Ciudad de Lisboa es la capital de Portugal, como así también del distrito, la región y el Area Metropolitana de Lisboa. Situada a unos 17 km. de la costa atlántica, se extiende sobre las colinas empinadas de la ribera norte del río Tajo. Su población alcanza los 700.000 habitantes, aunque su área metropolitana supera los 2,6 millones, lo que representa un cuarto de la población de Portugal. La ciudad se divide en 53 "freguesias", que a los efectos administrativos se agrupan en 4 barrios: Alfama, la Baixa, el Bairro Alto y Belem.
Lisboa es el centro político, económico y cultural del país; por su ubicación geográfica privilegiada y su rico pasado es un destino turístico muy apreciado.

Fue duramente golpeada por un terremoto en 1755, lo cual la dejó totalmente destruida; sus calles céntricas, en la zona de la Baixa, datan fundamentalmente del siglo XVIII. A ambos lados del centro se extienden sobre las colinas la Alfama, el barrio más antiguo, y el Bairro Alto, pintoresco y señorial, ambas dos zonas muy agradables.

En otros tiempos, cuando Portugal lideraba el comercio mundial, Lisboa era un puerto muy importante. Hoy los muelles fueron trasladados a otra zona, pero a 6 km al oeste del centro se encuentra Belem, el antiguo puerto que testimonia el pasado marítimo de la ciudad. La Torre de Belem y el Monasterio de los Jeronimos son símbolos de la ciudad y testimonios del pasado glorioso de Lisboa en la Era de los Descubrimientos.

Dos puentes vinculan ambas márgenes del río Tajo: el puente 25 de Abril, al sur, construido en 1966, que une Lisboa a Almada, y el puente Vasco da Gama, que data de 1998, que une Lisboa a Montijo, en el noreste.
El aeropuerto de Lisboa, Portela, se sitúa a 7 km del centro en la zona noreste.

La ciudad cuenta con una importante red ferroviaria de 8 líneas (4 líneas de metro y 4 de tren suburbano) con 118 estaciones, de las cuales 48 están en la ciudad y 70 en el área suburbana. Las estaciones principales son la Estación de Oriente, Cais do Sodré y Santa Apolonia. También se presta servicio de transporte colectivo. El metro constituye la forma de traslado más económica, aunque su red es limitada y aún no cubre todas las zonas de la ciudad.
Los tranvías eléctricos forman parte del paisaje de la ciudad y constituyen una forma agradable de recorrer Lisboa, aunque sus recorridos no son muy extensos: a lo largo del río hasta Belem y rodeando las colinas. Son especialmente interesantes las vistas que ofrecen los que circulan por las zonas históricas o por la orilla del Tajo. Todavía pueden verse tranvías que datan de la Primera Guerra Mundial circulando junto a los más modernos!


La historia de Lisboa conoció épocas de esplendor, cuando cientos de curiosos aventureros, entre ellos Vasco da Gama, se lanzaban al mar deseosos de descubrir y explorar nuevas tierras que la convirtieron en potencia marítima, y épocas de desastre y miseria, que la dejaron al borde de la ruina. Sin embargo, nada pudo evitar que Lisboa resurgiera como una ciudad pujante y de cara al futuro. He aquí un resumen de su historia.

Su legendario origen

La leyenda cuenta que fue Ulises quien fundó Lisboa en su vuelta a casa luego de la guerra de Troya. Ulises habría llamado a la ciudad Olissipo, un derivado de su nombre que a su vez derivó en Olissipona, Lissapona, hasta la voz actual de Lisbon para el inglés, Lisboa para el castellano y el portugués. En realidad no se sabe a ciencia cierta si fueron los griegos o los fenicios quienes la fundaron en el 1200 a.C. y la bautizaron Olissipo, un derivado de Allis Ubo, que en lengua fenicia significa "puerto encantado".

Los comienzos

Al principio la ciudad era disputada por fenicios, griegos y cartagineses, debido a su ubicación estratégica para el comercio marítimo. Fueron los romanos quienes la ocuparon allá por el 205 a.C., y la llamaron Felicitas Julia. Formaba parte de la colonia de Lusitania y era la ciudad más importante de la península ibérica cuando Julio César llegó al poder, en el año 60 a.C.
Cuando cayó el imperio romano, las tribus bárbaras avanzaron, y alanos y suevos ocuparon la ciudad. Los visigodos eran quienes habían tomado la ciudad cuando en el 711 los musulmanes del norte de Africa la invadieron y ocuparon durante 450 años. De este período pueden observarse aún sus huellas en las sinuosas calles de Alfama y el Castillo de San Jorge.

Los primeros reyes

El primer rey de Portugal fue Alfonso I Enriques, quien expulsó a los musulmanes en 1147, y más abajo del castillo de San Jorge construyó una catedral, la , adonde llegaron los restos de San Vicente, mártir en la lucha contra los musulmanes y luego patrono de Lisboa. En el 1256, bajo el reinado de Alfonso III, la ciudad devino capital de Portugal. Con su hijo Dinis Lisboa se expandió comercial y culturalmente y en 1290 se fundó la primera universidad. Se amplió la ciudad a los pies del castillo y en la zona de la Baixa. Cuando en 1373 la ciudad fue saqueada por Enrique II de Castilla, Fernando I hizo construir unas murallas como protección para sus 40 mil habitantes. La peste negra sacudió a Lisboa y la economía se desestabilizó; sólo se recuperó la prosperidad en la Era de los Descubrimientos.

La Era de los Descubrimientos

Después de que Cristóbal Colón emprendiera sus viajes en busca de las Indias, muchísimos marinos soñaban con hacerse a la mar para probar suerte también. Uno de ellos fue Vasco da Gama, que en 1497 se embarcó en Belém y abrió la ruta hacia las Indias bordeando Africa.
El 26 de enero de 1531 la ciudad sufrió un terremoto en el cual murieron miles de personas. No obstante, las riquezas obtenidas con el comercio de especias, aumentadas también por las provenientes de Brasil, convirtieron a la ciudad en una potencia, el centro comercial de Europa. En estos tiempos Manuel I levantó la Torre de Belém y el Mosteiro Dos Jerónimos, como agradecimiento a Dios por tanta riqueza. En el siglo XVI se trazó la Plaza de Comercio (Terreiro do Paço) frente al río, y surgió el Bairro Alto, con comerciantes que venían a establecerse en la ciudad. La Inquisición instaló su régimen de terror y numerosas ejecuciones tuvieron lugar en la Plaza de Comercio y en la Plaza del Rossio.
Cuando murió Sebastián I, la ausencia de herederos animó a los españoles a ocupar Portugal en 1580. No fueron expulsados sino hasta el año 1640, cuando el duque de Braganza subió al trono como João IV. El oro traido de Brasil renovó la prosperidad de la ciudad y el rey João V emprendió ambiciosos planes de edificación, entre ellos, el del Acueducto de Aguas Livres, que llevaba el agua desde el valle de Alcántara.
Toda la prosperidad cayó en pocos minutos cuando un nuevo terremoto sacudió Lisboa el 1º de noviembre de 1755, dejándola totalmente destruida.

Los proyectos de Pombal

La reconstrucción de la ciudad quedó en manos del primer ministro de José I, el marqués de Pombal. Este había planificado un diseño de cuadrícula, con el centro de la ciudad en la zona de la Baixa. La eficacia con que se enfrentó la crisis y el desarrollo enérgico de su plan lo convirtieron en la figura política del momento. Cuando Napoleón invadió Portugal, el rey debió huir a Brasil, la capital del imperio pasó a Río de Janeiro y los proyectos no se continuaron, provocando la decadencia de Lisboa. No obstante, el diseño de Pombal puede observarse aún hoy en las calles de la Baixa, llamada por eso Baixa Pombalina. El plan tardó bastante en concretarse y el Arco de Triunfo que cierra la Rua Augusta se acabó cien años más tarde, en 1873.

El siglo XX

Durante la segunda mitad del siglo XIX llegó la revitalización económica. Se construyeron carreteras, vías férreas, circularon tranvías, se hizo un muro de contención en el Tajo.
En 1908 asesinaron al rey Carlos y su hijo Luis Felipe cuando pasaban por la Plaza de Comercio y dos años más tarde caía la monarquía. Antonio Oliveira Salazar, que implantó una dictadura desde 1926 a 1968, continuó modernizando Lisboa en detrimento del resto del país. En 1966 se levantó el puente Salazar sobre el Tajo, que pasó a llamarse Ponte 25 de abril conmemorando la Revolución de los Claveles de 1974, que acabó con la dictadura.

La Lisboa de fin de siglo

Tras la revolución, el país vivió años de gran euforia y cambios en la política. Portugal pasó a formar parte de la Comunidad Europea en 1986, lo que significó que la economía evolucionara favorablemente.
En 1988, nuevamente la tragedia tocó a la ciudad, cuando el fuego arrasó con el barrio del Chiado. Las pérdidas en cuanto a patrimonio edilicio fueron cuantiosas y fue convocado uno de los mejores arquitectos de Portugal para la reconstrucción: Alvaro Siza Vieira.
Lisboa fue capital cultural europea en 1994 y sede de la Exposición Universal de 1998, cuyo tema fue el océano, una forma de rendir homenaje a su inigualable historia marítima.


Lisboa es una ciudad con un encanto especial que en gran medida deriva de las siete colinas sobre las que se extiende y su situación particular junto al río Tajo.

Puede recorrerse perfectamente a pie si nos da el aliento para subir y bajar las calles y callejuelas que surcan los barrios en las laderas. Si no es el caso, siempre es agradable una vuelta en los típicos tranvías tan característicos de la ciudad. Desde los numerosos miradores estratégicamente situados en lo alto las vistas son siempre encantadoras, abarcando las partes más bajas y extendiéndose hacia el río.

Como en todas las ciudades viejas, cada rincón, cada monumento guarda una apasionante historia particular. En Lisboa muchas de estas historias tienen que ver con el mar, con hombres valientes y ambiciosos y reyes conquistadores que hablan de un pasado glorioso. El barrio de Belem, al oeste, guarda fieles testimonios de los tiempos de esplendor de Portugal en la Era de los Descubrimientos. Pero las historias no siempre son color de rosa; el terremoto de 1755 sembró tragedia y destrucción devastando casi completamente la ciudad. Por eso, nada quedó en la Baixa de la vieja Lisboa. La zona fue totalmente reconstruida y los edificios que vemos actualmente datan del siglo XVIII.

La vieja Lisboa puede apreciarse en las sinuosas calles de la Alfama, que recuerda los tiempos en que los moros ocuparon la ciudad, mientras que el Bairro Alto exhibe un ambiente pintoresco y familiar, y el contiguo Chiado es un elegante distrito comercial.

En las afueras se extiende la Lisboa moderna, especialmente en la zona del Parque das Naçoes. No obstante pueden encontrarse ciertas "joyas" del pasado que merecen una visita. También puedes dar un vistazo a nuestra página sobre los alrededores de Lisboa,en la que ubicamos sobre un mapa interactivo lo mejor del litoral lisboeta.

Te invitamos, entonces, a recorrer Lisboa y sus atracciones, barrio a barrio.

AQUI TE DEJO UNOS VIDEOS DE LISBOA






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